Skibet A.R.C. "Caldas" med mandskab har opholdt sig 8 måneder i Alabama, USA. Det skal nu sejle tilbage til Cartagena i Colombia. Luis Alejandro Velasco har under opholdet i USA fundet en kæreste, Mary, og er af forskellige grunde blevet bange for livet som sømand.

Oversæt fra " ( 'Ante la proximidad..' til '..navegar jamás.' )

Ante la proximidad de la fecha de partida, sin poder deshacerme de mis preocupaciones, tomé una determinación: tan pronto como llegara a Cartagena abandonaría la Marina. No volvería a someterme a los riesgos de la navegación. La noche antes de partir fui a despedirme de Mary, a quien pensé comunicarle mis temores y mi determinación. Pero no lo hice, porque le prometí volver y no me habría creído si le hubiera dicho que estaba dispuesto a no navegar jamás. Al único que comuniqué mi determinación fue a mi amigo íntimo, el marinero segundo Ramón Herrera, quien me confesó que también había decidido abandonar Marina tan pronto como llegara a Cartagena. Compartiendo nuestros temores, Ramón Herrera y yo nos fuimos con el marinero Diego Velázquez a tomarnos un whisky de despedida en "Joe Palooka".

Pensábamos tomarnos un whisky, pero nos tomamos cinco botellas. Nuestras amigas de casi todas las noches conocían la noticia de nuestro viaje y decidieron despedirse, emborracharse y llorar en prueba de gratitud. El director de la orquesta, un hombre serio, con unos anteojos que no le permitían parecer un músico, tocó en nuestro honor un programa de mambos y tangos, creyendo que era música colombiana. Nuestras amigas lloraron y tomaron whisky de a dólar y medio la botella.

Como en esa última semana nos habían pagado tres veces, nosotros resolvimos echar la casa por la ventana. Yo, porque estaba preocupado y quería emborracharme. Ramón Herrera porque estaba alegre, como siempre, porque era de Arjona y sabía tocar el tambor y tenía una singular habilidad para imitar a todos los cantantes de moda.

Un poco antes de retirarnos, un marinero norteamericano se acercó a la mesa y le pidió permiso a Ramón Herrera para bailar con su pareja, una rubia enorme, que era la que menos bebía y la que más lloraba -¡sinceramente!-. El norteamericano pidió permiso en inglés, y Ramón Herrera le dio una sacudida, diciendo en español: "¡No entiendo un carajo!"

Fue una de las mejores broncas de Mobile, con sillas rotas en la cabeza, radiopatrullas y policías. Ramón Herrera, que logró ponerle dos buenos pescozones al norteamericano, regresó al buque a la una de la madrugada, imitando a Daniel Santos. Dijo que era la última vez que se embarcaba. Y, en realidad, fue la última.

A las tres de la madrugada del 24 de febrero zarpó el A. R. C. "Caldas" del puerto de Mobile, rumbo a Cartagena. Todos sentíamos la felicidad de regresar a casa.

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